- Me duele algo que no logro definir. Pero cacho, más o menos, donde está. El dolor lo siento sobre la garganta, detrás de la nariz, pero no inmediatamente detrás. Es como sobre el paladar. Como que me toma los ojos y me aprieta la garganta…
martes, 24 de noviembre de 2009
La Gripe
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Cristóbal Donoso
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martes, 29 de septiembre de 2009
La Noticia
Estudio de Sindicato de Ancianos:
Empresarios no comprenden significado de buenos sentimientos
CHILE.- Como un factor cultural propio del empresariado chileno fue catalogado el “miedo a forestarse de buenos sentimientos” que lo caracteriza. Esta conclusión la dio a conocer el presidente del Sindicato de Ancianos que Alimentan Palomas, Rasputín Buenorden, después de entregar a la prensa los resultados del estudio que su agrupación hizo. Esta investigó las causas del retraso social en que aún se ve envuelto Chile junto a otros países como Estados unidos y Japón.
La principal conclusión alude a que la idiosincracia de los grandes empresarios les impide comprender totalmente el significado de sentimientos como el amor o la solidaridad y, en cambio, tienen mayor asimilación con otros como la avaricia y el odio. Los ancianos aseguran que en nuestro país aún no se llega a los niveles de emergencia ambiental que se viven en Norteamérica, pero advirtió que si no se toman medidas “nuestra sociedad sufrirá lamentables consecuencias”.
Esta agrupación propone realizar un test que mida la capacidad de comprensión de los buenos sentimientos a todos los grandes y medianos empresarios del país. En base a los resultados, proponen aplicar las siguientes disposiciones:
* Si sobrepasan los 100 puntos en el test podrán circular libremente ya que es el nivel mínimo de cualquier persona.
* Si obtienen entre 75 y 99 se les pondrá en contacto con un poeta pagado por el estado para iniciar el tratamiento y se les impedirá salir a la calle los domingos ya que existe gran cantidad de niños circulando.
* Si los resultados se encuentran entre 50 y 74 no se les permitirá tener contacto con ningún niño ni siquiera sus hijos. Tendrá un tratamiento intensivo con poetas estatales y se le llevará a los lugares más bellos del país para que se conozcan a sí mismos.
* En los casos extremos que obtengan menos de 50 tendrán que recibir tratamiento en un internado especial en la cordillera, con prohibición total de visitas, hasta su rehabilitación.
Rechazo Presidencial
El Presidente de la República, Manuel Celame Latorre , tras inaugurar el Consultorio Dr. Eugenio Berríos en la populosa comuna de Vitacura, fue consultado por los medios sobre los resultados del informe entregado por la asociación de ancianos pero declinó comentar la propuesta argumentando no tener tiempo para tonterías.
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lunes, 21 de septiembre de 2009
El libro cuando muere

Cuando estás ahí, en las últimas páginas, y sabes que el libro se acaba, entras en una paradoja. Sabes que tienes que leer lento para que no se termine. Pero no hay caso. No puedes dejar de devorarte esos párrafos finales donde los personajes que has seguido por días o meses, resuelven sus conflictos y simplemente se van. Sin despedirse, sin decirte nada. Simplemente se alejan.
Y tras ese último punto aparte, que da paso a la página en blanco del final, te sientes en un vacío. Un extraño sentimiento de soledad, de quedarte si esos nuevos amigos que hiciste. Te quedas mirando el libro, releyendo la última frase, rearmando en tu mente la historia completa para comprender lo que no alcanzó a tomar sentido.
Luego, piensas en ella. En la protagonista de la que, por supuesto, te enamoraste. A la que le armaste una vida entera en base a las pistas que te dio el escritor. Incluso tienes la osadía de imaginar su futuro postnovela.
En la siguiente fase intentas recordar aquellos pasajes que quisiste rescatar del libro y que nunca anotaste. Con el dedo buscas hábilmente entre las páginas probablemente sin resultados. Después de un rato desistes.
Ahora quieres comentar el libro. Corroborar si lo que tú entendiste era cierto o hay otra lectura. Buscar en otro la misma emoción que tienes tú, o simplemente alabar al escritor. Lamentablemente te das cuenta de lo evidente: leer es un proceso personal.
No es como el cine o el teatro en que el proceso personal lo puedes compartir con otro de inmediato. Incluso con una mirada cómplice. O un simple aplauso.
Pero con un libro es distinto. Te deja sólo. Pensando. En un estado de calma, casi sagrado que ningún timbre, ningún teléfono y ningún grito debiera nunca interrumpir.
Y después de algunos días, cuando logras encontrar a alguien que también lo leyó, te desilusionas porque esa persona ya no está prendada del libro y no comparte contigo la vibración que aún te produce. Quizás ya lee otro o lo terminó hace 20 años. O peor, le cargó.
Tras todos los procesos, poco a poco vas volviendo a la realidad. Es como despertar de una siesta larga. Te das cuenta de ti mismo, de que tienes un poco de hambre, quizás ganas de ir al baño. Tu mente comienza a dejar la historia atrás y se va metiendo paulatinamente en tu propia rutina. Y, casi sin darte cuenta, prendiste la tele y el libro pasó a ser parte de tu historial literario. Uno más de tantos.
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domingo, 13 de septiembre de 2009
Camila
Ahí, en medio de la vereda abrochándose un zapato. Ahí, levemente sola. Ahí, con la mirada hacia el suelo. Ahí, atrapada en un contraluz. Ahí, sobre el cemento, sobre su vida. Ahí, sin existir, como quieta, como esperando. Ahí, cuando aún no tenía nombre. Ahí la vi por primera vez.
Era verano, quizás diciembre. Hacía calor pero el sol ya se esfumaba. Desde lejos a observaba como quien mira un cuadro. Estaba atrapado por la leve imperfección en la forma de anudar su zapato. No podía dejar de mirar su pelo rubio que brillaba con el sol del atardecer, su morral que se arrastraba por el suelo, sus dedos que afanosamente luchaban contra el cordón. El contrapunto entre su perfecta belleza y la torpeza tenue de sus movimientos quedo plasmado en un recuerdo que poco a poco se transformó en fantasía.
Ahora estoy confundido. La tengo frente a mí. Sólo atino a mirarle la boca. Se mueve como en silencio. Suelta palabras que se pierden entre las mesas del café. Mi mente esta divagando en el recuerdo de aquella tarde verano de hace dos años. Y ahora la tengo a un metro. Yo revivo ese recuerdo, esa tarde, ese instante imperfecto, que a estas alturas, más parecía una obsesión o un mandamiento estético. Ella. Ella, a medio metro, me hablaba. Me sonreía. Me miraba. Y yo no hablaba, no sonreía, no respiraba.
Su pequeña soledad, la brisa, la luz naranja de atardecer, el pelo largo, rubio, ese cierto toque de fragilidad. Fue esa imagen (casi perfecta, casi) la que marcó cada uno de mis días hasta hoy. Fue ahí cuando comprendí que la estética puede regir la existencia y que no tiene nada que ver con la simple belleza. Ahí definí que todo en la vida se tiene que componer de forma en que la armonía surja como una regla inquebrantable.
Ese mismo instante fue el inicio de un calvario. A los pocos días terminé mi pololeo de tres años. Ya no encajaba conmigo. Mis parámetros ahora eran otros. De esa forma, avanzaron los días, y de pronto el desajuste fue total. Casi sin darme cuenta, me quedé cesante, incomprendido por mis amigos y atrapado bajo la sombra omnipotente de una mujer infinitamente bella que se abrochaba un zapato sobre la vereda un atardecer de verano.
En este momento esa mujer me habla. Yo no reacciono. No sé que hacer. Hace dos minutos estaba conversando aburrido con mi hermano sobre sus nuevos negocios y de repente, me metí en una nebulosa en la que veo a mi cuñada llegar, saludar a mi hermano con un beso en la mejilla (no sé por qué) y detrás de ella, aparece la cara que acompaña mi vida desde hace dos años. Una amiga, o una compañera de trabajo dijo mi cuñada. No le entendí bien. Sin embargo está aquí, ocupando la silla metálica de enfrente. Incluso, sus rodillas, las mismas que tocaban el piso de aquella vereda de mis recuerdos, rozan mis piernas lo suficiente para cortar mi respiración.
Me habla de algo que no comprendo del todo y de pronto me mira con una sutil sonrisa y hace un gesto con sus ojos. Entendí que me había hecho una pregunta y que debía responder. No me quedo otra que reconocer mi distracción. Ella repite la pregunta. Quiere saber mi nombre. Roberto ¿y tú? En mi mente, desde el minuto en que la vi por primera vez, ella se llama Camila. No puede llamarse de otra forma. Camila es el nombre perfecto que armoniza con ese recuerdo que rige mis movimientos.
El segundo que se demoró en decir su nombre fue eterno. Mis pulmones rígidos, mi mirada atenta. Por alguna razón suspiró, tomó aire y al fin dijo Me llamo Andrea. Cada una de esas tres palabras las dijo sin mirarme, como si sintiera una culpa feroz por fallar en ese punto.
Mi desilusión fue evidente. ¿Por qué se llama Andrea? No se podía llamar Andrea. Simplemente no podía. ¿Parece que no te gusta mi nombre? Pusiste una cara, me interpela arqueando los ojos. No, si me gusta, mentí cortésmente. Pero claro, no era un asunto de que me gustara o no. Simplemente no se podía llamar así.
De la desilusión pasé a la rabia. Ella hablaba, se reía, conversaba con mi cuñada, con mi hermano y yo sólo escuchabas palabras sueltas, lejanas, como cuando te hablan y estás medio dormido. Era como escuchar una conversación de extraños. Entre las palabras que se asomaban a mis oídos llegaron los nombres de sus hijos, el modelo de su auto, como se llamaba su nana.
Era insoportablemente bella. El mismo pelo. La misma estampa. Pero no era la mujer de mis recuerdos. Simplemente ella no era ella.
De pronto en mi cabeza comenzó un motín. El morral, que raspaba contra el cemento de la vereda, se fugaba. Salía de mis ojos, atravesaba la mesa y se lo tragaba la boca de esa Andrea que debió ser Camila. De la misma forma se esfumó el pelo rubio, el cordón del zapato, la torpeza de sus dedos. Todo se fugaba de mi cabeza y yo no podía hacer nada. Nada. Se desvaneció la vereda, pastelón por pastelón. Los árboles, las casas de la calle. Se evaporó todo. Sólo quedó un extraño vacío iluminado por la luz del atardecer. La boca de Andrea se tragó todo mi recuerdo.
En la mesa siguen hablando. Mi cabeza tiene un extraño brillo naranja adentro. Es el atardecer, que de a poco se desvanece, hasta sumir mi mente en un negro profundo.
De mi ojo cae una lágrima. Después de eso, agarro firme mi vacío, me paro y me voy.
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11:47:00 p.m.
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martes, 8 de septiembre de 2009
Notable Corto!
Corto ganador de Cannes 2009. Demasiado bueno. Efectos de lujo.
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Cristóbal Donoso
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11:27:00 p.m.
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miércoles, 19 de agosto de 2009
Grandes Pequeñeces

La lluvia amainó. Yo salí de mi casa, medio atrasado, rumbo a la clase de yoga y a media cuadra me di cuenta que no llevaba la billetera. Di media vuelta y trotando me devolví. Esquivo a un taxi estacionado y metros más allá, sin darme cuenta, de mi bolso, se deslizo el pequeño y destartalado paraguas que llevaba de puro mamón precavido.
Mi sensación fue rara. En algún minuto pensé que el tipo iba a bajarse para decirme “Compadre, se le cayó el paraguas”. Tras ese desliz de ingenuidad, me dije “obvio, no podía ser de otra forma”. Y pensar así, que no puede ser de otra forma, es lamentable, casi dramático.
Cómo le puede enseñar ese taxista a su hijo algún tipo de valor cívico, si él es capaz de cagarse a otro en algo tan ínfimo, tan evitable, tan absurdo? ¿Este es un hecho puntual o en nuestra sociedad el cagarse a otros en pequeñeces es algo cotidiano? No sé, son simplemente mis descargos ante el más ridículo de los robos que sufrido. Pero el único que me ha hecho escribir. ¿Qué opinan?
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12:31:00 a.m.
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domingo, 25 de marzo de 2007
El sillón
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Cristóbal Donoso
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8:23:00 p.m.
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domingo, 7 de enero de 2007
4:51 AM, domingo o sábado de enero
I
Es la manera de empezar esto. De sonreír sin mirar. De soñar sin ver los rostros de mis vigilantes. De cruzar la calle sin la sensación de olvidar la vida. De almorzar así. Sólo pero feliz. De detonar al alma y hacerla volar en mil partes que nunca más volverán a armarse. Las cosas son así. En la vida las piezas son más grandes que uno y el puzzle lo arma otro.
Es la manera de empezar a caminar. De sentarse en la plaza y comerse a las palomas, a su migas de pan y gritar. Desplumado, atragantado. De lidiar con tu cabeza. De sumergirse en tu cadera. De desangrarse y seguir en carrera. De llorar sin tristeza. De falsificar las lágrimas para verte. Es la manera de naufragar en un café. De nacer en un paisaje atrapado en el auto. De mirar tu perfil y el sol y el viento y memorizar la imagen que veré antes de morir. De respirar recuerdos y añorar historias que no existen. De imaginar día a día como será despertar contigo.
Es la manera de confundirse dibujando. De ver estrellas en las vitrinas. De comprar zapatos y botar camisas. De cocinar, de dormir. De barrer, de coser botones. De vivir con piloto automático y no pensar en que es mentira. De no querer. De no llorar. De necesitar extirparme los ojos, la boca, la nariz para no imaginar tu forma, tus besos, tu olor.
II
Sueño con dejar de morir. Día a día morir. Y luego sonreír. Sueño con mirarte a los ojos y no ver sólo mi reflejo.
En un balcón podemos conversar. Así, en voz baja, para que no nos oiga. Para que no nos rete. Así, en voz baja. Casi en silencio. Basta con mover las cejas. Basta con mirar la misma colección de ventanas. Sólo se necesita atravesar. Romper la tela de agua y robarse el tiempo de otros.
No me ates a ti que así no puedo saltar. No espero tu mirada. Tus ojos son clavos en mis muñecas. Sonríe, que esta foto es la que ilustra el puzzle. No mires a la cámara que tu mirada está vacía. Sólo sonríe. Tu boca me pertenece. Tus palabras no me importan. Pupilas que mueven aviones. Qué se creen de no creer. Son tus ojos. Son tus ojos. No más. No más de esa mirada. Me asesina. Me mata. Me vacía. Y me deja caminando sin peso. Mirando sin vista y sintiendo sin alma.
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Cristóbal Donoso
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4:52:00 a.m.
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martes, 26 de diciembre de 2006
San Augustito
Ésta es de las noticias más graciosas que ha aparecido en Lun... Así uno se explica porque Longueira habla con los muertos.
El artículo es una entrevista a Verónica Pantich, parasicóloga y fanática de Pinochet.
Algunos pasajes hilarantes:
"Pinochet será santo y pronto hará milagros"
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"...En total fueron 6 los espiritistas que se reunieron y se contactaron con el ángel 'san La Muerte' quién les habría asegurado que Pinochet está en la luz...".
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NOTABLE lo del ángel san La Muerte. ¿habrá uno san La Vida? Sigamos...
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"...-Cuesta creer que se haya ido tan rápido para arriba...
- Es que lo ayudamos bastante. Desde que cayó enfermo que estamos trabajando por él. Y te digo más: Pinochet va a ser santo y hará milagros.
- ¿Santo?
- Y habrá peregrinaciones a Los Boldos y milagros para todos los que crean en él...".
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Después la señora habla de que también mandó un mensaje navideño y todo... Por lo menos, Longueira no es el único que tiene estas conversaciones con los "santos" de la derecha.
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Cristóbal Donoso
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11:56:00 p.m.
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sábado, 23 de diciembre de 2006
Memorice
¿Cómo funciona la memoria? ¿Uno tendrá la cabeza llena de cajones con información que apenas se le requieren, se abren y nos llevan el dato preciso a la boca? ¿Han pensado realmente en cómo funciona nuestra memoria? ¿Por qué hay cosas tan lejanas de las que nos vivimos acordando y hay otras de las que nos vivimos olvidando? ¿Qué define que un recuerdo sea imborrable? ¿Dónde se almacenan los recuerdos? ¿En la cabeza o en algún lugar desconocido? ¿La cosa funciona como en los computadores, con algún tipo de tarjetas y discos duros? ¿Qué sucede en nuestro cerebro, que con un olor, con un sabor o una canción, nos trae de inmediato imágenes que creíamos desterradas? ¿Alguien sabe cómo funciona este proceso de memorizar y olvidar? ¿Alguien tiene en su memoria la explicación a la memoria? El que lo sabe que lo diga....
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Cristóbal Donoso
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3:20:00 a.m.
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miércoles, 20 de diciembre de 2006
El Gran Comodín
Pasada ya más de una semana (lo que no es nada) y ya levemente aplacadas las euforias, empieza a aclararse el panorama respecto a como se viene la mano. Aparecen algunas preguntas: ¿La muerte del viejo lo traerá más a luz que nunca y tendremos ahora si, Pinocho y pinochetistas para rato? o ¿en el horno crematorio se quemaron también las lealtades y los miedos entre muchos militares y podrán al fin entregar pistas reales para que avance la justicia y se encuentren miles de cuerpos que aún no aparecen?; y la pregunta del millón: ¿Se acabó con esto la transición?
Sobre las dos primeras preguntas no tengo respuestas ya que aún no apruebo mis cursos de predicciones en la academia de la tía Yolanda Sultana. Sobre la tercera pregunta siempre se puede decir algo.
Lanzo la primera sospecha. ¿No será mentira esto de la transición? Es una opción. La otra es que sea un proceso del cual no podamos darnos cuenta porque lo estamos viviendo y sólo algún historiador del futuro, ya con la perspectiva del tiempo, pueda decirles a nuestros hijos cuando terminó. Puede ser, pero me inclino más a pensar que es todo una gran mentira.
Pienso que existen muchas palabras que se han orquestado desde el aparataje estatal y que han sido tomadas por lo medios hacernos creer el cuento de que somos el ejemplo mundial en cómo salir de una dictadura y pasar a una democracia. En otras palabras, son aspirinas. Algunas de esas palabras-Aspirinas son la transición y la reconciliación.
Técnicamente lo que vivimos si fue una transición, porque cualquier cambio de sistema lleva en sí, involucrada una transición. De eso no hay duda. Pero se entiende que en este caso la palabra lleva connotaciones que no tienen que ver exclusivamente con el significado de diccionario. A la larga eso mismo es lo que la lleva a ser una palabra mal ocupada y que no tiene peso. ¿Qué es la transición? ¿El mero reacomodamiento de las piezas para que la máquina siga funcionando? Yo diría que en el caso de Chile es la palabra usada para todo. Para describir el proceso de volver a ganar los espacios de libertad truncados, el proceso, tan lento como personal, de sanar las heridas y apasiguar los dolores, los procesos de sanar las instituciones estatales, los tribunales, el congreso. De construir una democracia real, participativa y moderna. Es la palabra con la que se justifica que a pesar de que sabemos que se torturó, se mató y se persiguió gente, no se castigue a quienes lo hicieron. Es la palabra usada para conseguir una buena imagen país a pesar de que nunca se pudo llegar a una condena contra Pinochet. Es la palabra usada para no decir que no sabemos donde están los cuerpos de miles de personas. Es la palabra usada para que muchos que trabajaron y ayudaron en la dictadura de Pinochet puedan ahora ser “honorables” diputados y senadores. Es la palabra que sirve para hacer política y conseguir votos, para pajearse con grandes discusiones filosóficas sobre si estamos o no en el fin de la transición. Es la palabra usada para “defender” nuestra soberanía y así traer de Londres al viejo enfermo en silla de ruedas y demente, y verlo salir caminando sano del avión mágico.
Uf! Es un gran comodín. Sirve para todo. Todo funciona dentro de esta palabra. Cualquier cosa extraña que suceda se enmarca dentro del concepto “Transición”. Es cómodo y no hay que pensar. Ahora se muere el viejo y lo primero que escuchamos es a alguien diciendo ‘ahora sí se acabo la transición’. Y eso, diablos, que lo hemos escuchado hartas veces antes. Por eso insisto, ¿no será que la transición es una gran mentira que le hace más cómoda la vida a la Concertación para poder seguir gobernando bajo los conceptos establecidos en la constitución del ‘80, creada por Jaime Guzmán? ¿No será que la transición, entendida estrictamente, según la Rae, como “Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”, recién comienza con la muerte de Pinochet y con los cambios que, poco a poco, se comienzan a realizar en la Constitución del 80?. Espero opiniones…
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Cristóbal Donoso
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2:52:00 a.m.
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sábado, 16 de diciembre de 2006
En la vereda
Caminamos aferrados de la mano. Yo veo tus pies flotando en la tina, como muertos, como pálidos, como extraños. Veo en cada imperfección de la vereda a una ciudad sangrante que nos atrapa en su viscosidad, sin dejarnos respirar, sin dejarnos soñar. Ahí, en medio de un eterno pastelón de la vereda parecemos perdernos. Como si ese pequeño abismo entre los bloques de cemento fuera insondable. Como tus palabras. Como tus gestos. Es un precipicio a terreno de hormigas hambrientas, dispuestas a despedazarnos. En esos espacios de silencio pleno, entre dos pedazos de vereda, podemos mentir, y volver a creer en que quizás seas tú la misma que camina junto a mí.En medio de la silueta luminosa de la nada, entre dos bloques de cemento, flotando en un abismo pequeño, gigante, sin forma, tú renaces con otros ojos. Apareces frente a mí, con otra boca y otras rodillas. Yo te miro asombrado pero con otros ojos y besas mi otra boca y tomados de dos manos nuevas seguimos caminando hasta poder cruzar el siguiente abismo de la vereda.
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9:04:00 p.m.
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miércoles, 29 de noviembre de 2006
Sueña despertar en mi cama, con un pie en la almohada y la lengua afuera, con tu piel mojada y tu respiración agitada. Sueña con que sea yo el que te recorre el cuerpo. Alucina con nuestras miradas que atraviesan las paredes ventriculares, con mi codo rozando tu alma, con mi sangre penetrando tus divagaciones. Despierta soñando con dormir tus heridas en mis muslos y romper mi boca para navegar en mi saliva. Sueña con tus piernas abiertas a mis ojos y las luces subrayando mi debilidad. Absorbe las sabanas que claudican tu memoria y desenreda las fibras de ese cerebro malgastado en horas y años y vidas de desolada soledad. Sueña con tu risa sorprendida robando mis dientes y descansa mirando el techo.
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Cristóbal Donoso
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12:57:00 a.m.
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martes, 5 de septiembre de 2006
Helados Retro
Hoy me comí un Cola de Tigre. Aquel helado que nació en mi infancia y que sigue vigente. Además noté que volvió a las pistas el Nifty. Helados retro. De antaño. De aquellas tardes de verano en las que con 100 pesos te comprabas el almacén completo. Pero además noté que mi mente ha olvidado muchos nombres de esos helados: El Chocolito es un clasico, así como el gloriosísimo centella, o el desaparecido Cremino. Cómo olvidar a Freddo dedo…pero mi mente llega hasta ahí. Muchos nombres están perdidos en algún hoyo negro de mi mente. ¿Alguien se acuerda de otros helados retro?
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Cristóbal Donoso
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7:33:00 p.m.
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martes, 25 de julio de 2006
Se puede hablar de rayuela?
Rayuela, Capítulo 68
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Sólo rayuela puede hablar de rayuela...
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Cristóbal Donoso
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6:33:00 p.m.
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