Caminamos aferrados de la mano. Yo veo tus pies flotando en la tina, como muertos, como pálidos, como extraños. Veo en cada imperfección de la vereda a una ciudad sangrante que nos atrapa en su viscosidad, sin dejarnos respirar, sin dejarnos soñar. Ahí, en medio de un eterno pastelón de la vereda parecemos perdernos. Como si ese pequeño abismo entre los bloques de cemento fuera insondable. Como tus palabras. Como tus gestos. Es un precipicio a terreno de hormigas hambrientas, dispuestas a despedazarnos. En esos espacios de silencio pleno, entre dos pedazos de vereda, podemos mentir, y volver a creer en que quizás seas tú la misma que camina junto a mí.En medio de la silueta luminosa de la nada, entre dos bloques de cemento, flotando en un abismo pequeño, gigante, sin forma, tú renaces con otros ojos. Apareces frente a mí, con otra boca y otras rodillas. Yo te miro asombrado pero con otros ojos y besas mi otra boca y tomados de dos manos nuevas seguimos caminando hasta poder cruzar el siguiente abismo de la vereda.
1 comentario:
Amigo, creo que no puedo opinar mucho, me dejaste sin palabras. Sencillamente bellas tus palabras...
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