
La lluvia amainó. Yo salí de mi casa, medio atrasado, rumbo a la clase de yoga y a media cuadra me di cuenta que no llevaba la billetera. Di media vuelta y trotando me devolví. Esquivo a un taxi estacionado y metros más allá, sin darme cuenta, de mi bolso, se deslizo el pequeño y destartalado paraguas que llevaba de puro mamón precavido.
Desde la reja de mi casa veo al paraguas tirado en la mitad de la calle. De pronto veo que el taxi que estaba como a 20 metros, comienza a retroceder. Marcha atrás se dirige directo al paraguas. Yo me quedo mirando resignado como la rueda lo hará trizas. Pero no. De pronto el taxi hace una maniobra. La rueda trasera lo esquiva y lo deja pasar por debajo del auto. Frena. Otra maniobra y gira el auto de forma que el paraguas le quedé al lado de su puerta. La abre, saca su mano y toma mi paraguas azul. Después acelera y chao paraguas.
Quizás yo, apenas capté que el taxista quería mi paraguas, debí correr y luchar por él. Por último insultarlo y pegarle alguna patada al auto. Quizás tirarle piedras al parabrisas o algo así… Pero no. No hice nada.
Simplemente miré. Y después me reí, sorpendido. Es que cuando alguien es capaz de maniobrar su auto marcha atrás apenas ve que a otra persona se le cae un miserable paraguas de luca, comprado hace dos años, con los fierros medio rotos, y, no para avisarle, sino para robárselo, es extrañamente gracioso. Aunque en rigor, es profundamente triste.
Mi sensación fue rara. En algún minuto pensé que el tipo iba a bajarse para decirme “Compadre, se le cayó el paraguas”. Tras ese desliz de ingenuidad, me dije “obvio, no podía ser de otra forma”. Y pensar así, que no puede ser de otra forma, es lamentable, casi dramático.
Probablemente muchos de los que lean esto han corrido detrás de una persona para pasarle la billetera que se le cayó. Quizás muchos le han avisado al almacenero cuando les da el vuelto de más. Por lo menos así funciona mi mundo. Y, espero, que el de la mayoría.
Este acto criminal es un hecho ridículo en comparación con otros que, por supuesto, son más trascendentes. Pero esta acción es de baja calaña. Es mediocre. Es, quizás, más despreciable que la de un ladrón profesional ya que al taxista este acto no le genera ningún beneficio real. Es simplemente cagarse a otro por cagárselo.
Y esa semilla, la de las estafas, los robos, los insultos y chaqueteos a escala hormiga, que no causan casi ningún daño profundo en las víctimas, si va causando un daño en la sociedad. Van transformando tu cotidianidad en un espacio con pequeñas desconfianzas, con pequeños odios, que sin duda después se transforman en pequeñas venganzas. Un círculo vicioso que además es una bola de nieve.
Cómo le puede enseñar ese taxista a su hijo algún tipo de valor cívico, si él es capaz de cagarse a otro en algo tan ínfimo, tan evitable, tan absurdo? ¿Este es un hecho puntual o en nuestra sociedad el cagarse a otros en pequeñeces es algo cotidiano? No sé, son simplemente mis descargos ante el más ridículo de los robos que sufrido. Pero el único que me ha hecho escribir. ¿Qué opinan?
1 comentario:
A mi una vez me robaron un estuche en la micro.
Sí, un estuche lleno de lápices que, según recuerdo, había comprado yo misma porque eran de tinta de diferentes colores y de punta fina, como a mi me gustan.
Estaban dentro de un estuche de cuero que yo misma me había hecho en una clase de técnico manual. Y, asomado en el bolsillo de mi chaqueta, "pegaban el parche" como se dice en buen chileno. Tanto como para tentar al flaite que iba a mi lado y que me lo sacó sin que yo me diera cuenta.
Cuando se bajó (el flaite), la señora que iba sentada también al lado mío y que fue testigo silencioso del robo, me dijo "uyyyy yo te miraba para que te dieras cuenta que te estaban robando. Jajajajaaj Cómo si sirviera de algo su burda advertencia.
Buta que me dio rabia con la vieja!!!!! Pero, en vez decircelo, me quede callada. Pensé que quizás le dio miedo el flaitongo o simplemente no quiso meterse.
Y la comprendí porque después de todo no pude culparla por una acción que creo he tenido más de una vez...
Prometí no volver a hacerlo, eso sí, porque buta que me gustaban esos lápices y hubiera agradecido que me advirtieran del robo para defenderlos, por último con un buen garabato!
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