Cuando vi el documental Fernando ha vuelto quedé con una extraña mezcla de sensaciones. Evidentemente sentí rabia. Cuando muestran los orificios que le dejaron en el cráneo las balas que lo asesinaron me estremecí. Me dio pena, y mucho dolor saber que ese mismo sufrimiento que evidenciaban esos huesos se multiplicaba por miles, y agarraba en su horrible resaca a generaciones de familiares que no han podido vivir tranquilos nunca. Pero a la vez pensaba en lo importante que era t
ener documentales como ese, que mostraban en una forma tan humana lo importante que es el poder entregar los pocos cuerpos que se encuentran a los familiares. Es un símbolo de cómo un país podía, a pesar de enfrentar a una férrea suma de silencios, a una política orientada al olvido, a un Pinochet que por ese entonces, todavía era una sombra siniestra que no quería desaparecer, ir poco a poco reconstruyendo su historia para así pararse firme y erguido y decir, “si, pudimos encontrar todos los cuerpos, pudimos hacer justicia”. Eso. Simplemente eso pensaba al ver ese docuemental.
Ahora la historia resignificó a “Fernando ha vuelto”, transformándolo en el más patético testimonio de Chile. En la más cruel evidencia de un “error”. Ese Fernando que apareció en el documental no era Fernando Olivares. ¿Qué pasó? Simplemente el SML se equivocó. Identificó mal 48 cuerpos. Volvió a desaparecer a 48 personas. ¿Cómo se le dice a alguien que ya había encontrado a su familiar, que en realidad sigue estando desaparecido, y que el que creyó que era, no era?
Imagínenselo. Encuentras a tu padre enterrado en una fosa común en un cementerio con evidentes señales de tortura. Lo has buscado por años y al fin podrás darle un entierro digno. Pasas años yendo a verlo al cementerio para poder cerrar la herida. Tu madre al fin pudo descansar en paz. Sabe por lo menos que lo encontró. Que su búsqueda frenética sirvió para poder entregarle la tranquilidad necesaria al resto de su familia. Y de pronto te enteras que no. Que no era tu padre. Que tu padre sigue siendo un detenido desaparecido, que te entregaron mal el cuerpo.
Aparte del paupérrimo comportamiento del SML, lo más terrible es la suma de hechos. Este “error” es uno más de los hechos patéticos de la “reconciliación”. Esta palabrita, manoseada a destajo, tiene a este país con Pinochet viviendo en su mansión, con jueces que aun aplican la Amnistía, con miles de personas aún desaparecida y con eternos juicios que, si es que llegan término, solo condenan a mandos medios a sufrir penas ridículas que no tienen ninguna proporción con los delitos cometidos.
Es una “transición” sin pies ni cabeza. Con muchos gestos y pocas acciones. Con mucha injusticia. Y eso es a la larga lo que mantiene vibrante a ese pasado que está más presente que nunca. Es y será el eterno retorno. Siempre aparece. En cualquier lado. Hasta donde uno menos se lo espera. Siempre esta. Es cosa de remover los débiles parche curitas que el Estado ha pegado por todos lados. Todos sabemos que los parche curita duran un rato y se despegan. El problema es que en Chile la herida no cicatriza. Y nadie colabora para que algún día no lleguemos a un desangramiento. Opiniones?
miércoles, 26 de abril de 2006
Y FERNANDO SE VOLVIÓ A IR....
Publicadas por
Cristóbal Donoso
a las
6:54:00 p.m.
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4 comentarios:
CRIS LA CAGASTE MUY BUENO LO QUE ESCRIBISTE COMPARTO EL MISMO PENSAMIENTO BASTA YA DE JUGAR CON LOS SENTIMIENTOS DE MILES DE PERSONAS QUE BUSCAN SUS SERES QUERIDOS,QUE DE UNA VEZ POR TODAS SE POGAN LA PILAS.
Amigo, no puedo estar más que 100% de acuerdo contigo. Si bien ver documentales de este tipo dan rabia, dolor y repugnancia por constatar las aberraciones que los propios chilenos hicieron a sus compatriotas, provoca escalofríos, más escalofríos me provocan las equivocaciones una y otra vez.
Hasta cuándo tendrá que esperar tanta gente para tener paz, cuándo podrán creer realmente y de una vez por todas que el cuerpo u osamenta que lloran, es realmente de su ser querido y tratar de vivir en paz lo que les resta de vida. Por favor un poquito de seriedad y si hacemos gestos, hagámoslos de verdad y no por tratar de cumplir o de callar las voces.
Excelente reflexión.
Luego de divagar y divagar en los pensamientos de un comentario que no resultaba ser lo que queria que fuera, he llegado a una conclución:
YO YA NO CREO EN LA JUSTICIA, NO CREO EN EL PERDON, NI SI QUIERA EN LOS RECUERDOS Y TAMPOCO EN LA HISTORIA. NO CREO EN ESTA FICCIÓN SOCIAL, NI QUE YO SOY PARTE DE ELLA. ENTOCES, CON MUCHO DOLOR RECONOZCO, QUE YA NO CREO EN QUE PUEDO CAMBIAR EL MUNDO Y QUE POR TANTO, CADA DIA ME IMPRESIONAN MENOS LAS ABERRACIONES COMO ESTA...
Sin embargo, me conmuevo y así me entrampo en un sin sentido paradojal y me frustro de ya no creer y de saber que mi dolor o mi todo, en nada afectan el "plácido" andar de los años de mi país.
Pero en fin, sigamos conmoviéndonos, cuentionando y escribiendo... total, ni si quiera podemos saber a dónde van las palabras.
Es triste no asombrarse (ni espantarse) ante ciertas cosas de la vida...pero también creo que el mundo, cada día más, gira por girar, perdiendo el sentido de los hechos que en el se suceden. Y nosotros, aquí, sobre el mundo, también giramos con él,importándonos cada vez menos para dónde cresta gira.
Puede ser que escribir sea, de alguna forma, una reacción frente a "aberraciones como esta", pero es la forma más cómoda y fácil. Ante hechos como este la protesta debería ser enérgica, en la calle y con muchos miles de chilenos...Pero eso no va a pasar aún. Por mientras, cómodamente, hay que escribir.
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