domingo, 25 de diciembre de 2005

Las cosas pequeñas y tontas

Maldita hora de los resúmenes. En todos lados, por todas partes. Que las mejores fotos del año, que las noticias más impactantes, los mejores goles, etcéteras, etcéteras, etcéteras (que palabra más horrible).

Y bueno, entre tanto hueón resumiendo cosas, me da a mí también con el asuntito. Pero lo mío es distinto. Estoy con la extraña sensación de la nostalgia, de los recuerdos de “cosas pequeñas y tontas” que han sucedido a lo largo de mi vida. No en un año, sino en todos o en ninguno.
Son los recuerdos de algún paisaje de mi infancia, de cierta conversación con alguien, de cierta canción, de episodios que tienen la importancia que tienen sólo porque me hacen sonreír cuando los evoco.

Son recuerdos de ciertas cosas de las que claramente es mejor no hablar, no porque sean polémicas, sino porque no son comprensibles por otros. Aclaro que estos estados de nostalgia positiva son algo recurrente en mí, y me suelen dar en las tardes, cuando ando en bicicleta escuchando música (¿Habrá algo más nostálgico en el mundo que ver un atardecer entre árboles, mientras uno lentamente desciende por alguna calle sobre una bicicleta escuchando música?).

No sé realmente cual el sentido de contar esto. Creo que es simplemente decir que este es el estado que más me gusta estar, es el que me produce mayor creatividad, mayor emotividad y felicidad. Y decir también que a pesar de que me apesta ver cientos de resúmenes todo el rato, es bueno no olvidar. Hace bien atrapar las imágenes, sonidos y sensaciones que atochan nuestro gran baúl y construir nuestra vida en base a esas cosas, que a la larga, son nuestra columna vertebral. Esto es valido para personas y países.

Continuidad y cambio

“Un mundo de contrahechos se esparce en la cartulina”. Que extraño es mirar para atrás y ver tu vida desparramada en el pasado. Es raro. Recordar cosas como el primer beso es como recordar algo lejano, como si fuera alguna película. Acordarse de cuando anduviste sólo en micro por primera vez, de viajes, del colegio, de donde vivías, que hacías, que decías, que pensabas. Y analizar el camino que recorriste. ¿Qué pasó con los pequeños grandes sueños?, ¿Con las cosas que prometiste nunca hacer? ¿Con las cosas que te cargaba de ti y que ahora aceptas?

Y en ese recorrido por tu propia cartulina llegas de pronto a tu imagen sentada frente al computador escribiendo para tu blog. ¿Y? ¿que sientes? ¿Conforme?
Si, conforme. A la larga, como dicen por ahí, soy la continuidad y cambio de mi mismo todo el tiempo. ¿Se entiende algo? ¿No? No importa.

3 comentarios:

Nicole dijo...

Pues a mi me pasa que ando nostálgica y estos días lejos de casa he tenido que aprender otras tradiciones, otras costumbres.

Es raro, por un lado siento que es forzar a la melancolía y aprender a moverse en un terreno que no es el que uno domina.

Ahora se viene el año nuevo, otro momento para estar un poquito bajoneado. En realidad no es un bajón, es que también me gustaría que los míos compartieran lo que yo estoy viviendo acá.

saludos Nic.

Roma dijo...

yo opte por no resumir...

salutes!

Anónimo dijo...

El tiempo pasa, como dice otra canción...Por ahí se comenta que uno se convierte en adulto cuando deja de ver el mundo como lo ven los niños, entonces comienza una vorágine sin fin que no nos permite detenernos en "aquellas cosas pequeñas y tontas" porque se supone que ya no nos corresponde y nos aferramos a viejas tradiciones y evaluaciones sin sentido que no son otra cosa, más que la inmensa nostalgia de volver a mirar todo de nuevo. El desear un mejor año para borrar de nuestras mentes las cosas "malas" no significa sino un desesperado intento por recuperar la inocencia y volver a sentirnos seguros y protegidos, sin más responsabilidad que portarnos bien durante el año para poder recibir el regalo soñado. Mi evaluación de fin de año, que por cierto es un rito, la trato de hacer incluyendo lo negativo, pues es fundamental equivocarse para poder crecer, cosa que durante la niñez se convierte en la principal tarea. Probar- equivocarse- aprender. Sin eembargo, En esta sociedad al hacernos adultos, equivocarse es sinónimo de fracasar, por eso creo que esta manía de cotejar lo mejor de...cada fin de año, no es malo,pero hay que buscarle el sentido a tanta tradición vacía.