
Estoy medio desactualizado. Simplemente por falta de tiempo y sobras de cansancio.
Desde la última publicación a la fecha simplemente es como si me hubiesen agarrado un par de manos gigantes y me hubiesen remecido. Pero siempre para mejor.
En resumen: Tengo oficina, nueva casa, 25 años, deudas y un futuro que se vislumbra prometedor con Ciudad Visual.
Bueno, lo demás sigue igual. Es decir, todo está bien. Es un buen momento.
Es extraño. Este escrito es una especie de fotografía de un instante. Quizás mañana sea todo distinto.
Las bitácoras de vida, como esta, son particularmente atemporales. Tienen una fecha, pero no tienen un contexto. Lo escrito queda, pero lo que pasa un minuto después es un misterio. Decir "en este momento estoy bien" puede resultar peligrosamente irónico si una desgracia ocurre un instante después de terminar de publicar tu historia diaria.
La fragilidad de los momentos es una constante de la vida. Uno está bien y paf, todo se derrumba, o al revés, todo está en el suelo, y de pronto, como si nada, todo mejora.
Evidentemente existen períodos que son buenos o malos, años exitosos y horriblemente malos. Lo increible es la sutileza con que la vida te puede cambiar los escenarios. A veces con sucesos horriblemente crueles y otras con detalles ínfimos, casi insignificantes para el resto. Y lo más increíble es que de todos esos grandes o pequeños eventos, positivos o negativos, uno aprende. Y aprende harto.
Las muertes de seres queridos, que suelen ser especialmente devastadoras, o el final de un pololeo, que también provoca enormes remezones emocionales, te hacen ser más grande, tener más dura la coraza. En general la vida te obliga a aprender, a veces en forma sútil, a veces a palos.
Eso hace parecer a la vida como un viejo profesor que agarra a reglazos a sus alumnos, pero no es así. De eso te das cuenta después cuando te das cuenta lo bien que se te sientes cuando se soporta el apaleo y sales mejor parado, proyectas una sombra más grande y caminas más seguro por tu mundo.
Soy intrinsicamente positivo para mirar las cosas, defecto de nacimiento, y creo, aunque suene casi cliché, que es en eso en lo que nos llevamos todo el tiempo los humanos: Aprendiendo. Pase lo que pase, se sufra lo que se sufra, o se ría lo que se ría. A la larga somos y seremos siempre unos aprendices de esos maestros extraños que deambulan por los pasajes de nuestros destinos.
martes, 15 de noviembre de 2005
Aprendices
Publicadas por
Cristóbal Donoso
a las
3:10:00 a.m.
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1 comentario:
Si, es cierto...se aprende, y por lo general,a golpes. De hecho de tantos golpes sales mejor parado, más fuerte, pero también más desconfiado y escéptico, o al menos eso me pasa a mí. La coraza más dura no siempre es tan buena, porque te hace perder de alguna forma la ingenuidad y la espontaneidad. Y de la fragilidad de los momentos ni hablar...Montaña Rusa parece la vida, por eso cuando hay momentos buenos los disfruto a concho (tal vez demasiado a concho jijij), porque nunca sé cuando se volverán amargos. Un beso primo.
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